¡Ay, la vida!
Pues resulta que en el imperio ese de mierda de la Gran
Madre Games Workshop (entidad extradimensional que nos enseña cómo debemos gastar
bien nuestro dinero y que nos mantiene alejados de las drojas duras) había un
país con enanos y gitanos y borricos del caos. Todo junto porque pegaba
mucho. Ese país mítico de grandes jugadores, en el que el trote cochinero era
baile nacional y el himno se tocaba con cuescos, era, como digo, bastante del
caos. Es decir, que la malignidad era tendencia política como aquí, pero con menos
disimulo y con túnicas y sacrificios humanos y grandes rebajas todo el año. Echenike
era su monarca absoluto y el mejor bailarín del reino. No digo más.
Bueno, pues resulta que había dos jumentos del caos llamados Ande yo caliente (que tenía un badajo como un obús de treinta arrobas colgando entre los cuartos traseros) y su primo Ríase la gente (muy amigo de los chistes fáciles) que decidieron hacer un ritual maligno para conocer el verdadero origen de sus nombres. La verdad es que era una cosa que los traía bastante locos y además estaban en el paro. Los pobres habían participado en otro ritual muy antiguo en el que una deidad oscura los bautizó y les regaló, además, medio kilo de alfalfa para fumar caducada marca Games Workshop (bueno, en realidad, se la cobró, pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión).
Vórtice del caos, abierto con un ritual del caos.
El caso es que se juntaron con un grupo de enanos del caos muy graciosos (pero no por nada, solo para reírse de ellos y para usar las bolicas de roña que les salía en los dedos de los pies como combustible mágico), y con una banda de hobgoblins gitanos para que les sujetaran los calderos y les dieran palmas del caos mientras invocaran.
Total que hicieron el ritual y se encontraron con que en una
realidad paralela ellos eran producto de la imaginación de un prolífico y
adinerado autor de obras de fantasía que tenía que hacerse un equipo de gentuza
para jugar a un juego de ordenador. ¡Así era! Por imposible que pueda parecer.
Prolífico autor de éxito: "Eyaculo hacia adentro cuando quiero", ha declarado.
En ese universo, la Gran Madre, Games Workshop, era una multinacional
inglesa de sacacuartos hijosdeputa que había inventado un juego idiota llamado
Blood Bowl, que le hacía un montón de gracia a los amigos del prolífico y
exitoso autor. Por eso, aquel atajo de descerebrados que iban de listos, solían
comenzar con gran entusiasmo una liga a ese juego de vez en cuando, que solo se
acababa en contadas ocasiones. Muy contadas. Durante unas semanas se comían las
pollas teorizando desde sus púlpitos digitales en plan catedrático profeta y se
lo pasaban de puta madre. ¡Qué graciosos eran! Y resulta que en aquellos aquelarres
de la amistad, era norma poner nombres ingeniosos a los jugadores y a los
equipos: poyadas gordas. Ya sabéis, que si el claustro de un colegio, que si
los pastores de cabras nazis, que si premios nobel disléxicos, que si payasos tetrapléjicos…
Cosas así.
Amigos del prolífico autor en fase de exaltación de la amistad. "Esta no es liga para Minotauoros", ha declarado uno de ellos.
Sí, lo sé es bastante surrealista y bastante del caos absoluto,
pero era como os lo cuento. Ni pongo ni quito.
Resumiendo: los dos jumentos del caos (Ande yo caliente y
Ríase la gente), sus amigos las personas de talla reducida del caos y los
hobgoblins gitanos del caos (que alguien me explique qué cojones es un
hobgoblin) descubrieron que en esa realidad alternativa, el ser que los había
bautizado estaba una tarde haciéndose su equipo de Blood Bowl en su casica. Tenía
prisa porque sus amigos estaban en la fase ansiosa precomienzo de la liga
(también llamada fase cansina del ansia viva) y querían que terminara de
hacerlo pronto, pero no se le ocurría nada. Nada lo bastante gracioso, quiero
decir. Porque el nivel era muy, muy alto. Ya sabéis. Y resulta que estaba
viendo la tele (un ingenio que es como un vórtice espaciotemporal pero más caro)
y alguien soltó lo que en su realidad paralela era un refrán muy famoso: Ande
yo caliente, ríase la gente, dijo el individuo en la pantalla. ¡Esa fue la
clave! Haciendo uso de su gran ingenio, el famoso autor de éxito (nulo) decidió
que aquellas palabras le servirían para poner nombres a sus dos borriquitos
del caos. Y luego fue haciendo lo mismo con el resto de jugadores, conforme
iban hablando en aquel aparato. Creo que el programa era Sálvame limón, pero no
estoy muy seguro. También añadió alguna frase de su hijo y el título de unas
películas de éxito que le hacían mucha gracia.
Conoces a Joe Blak, Legopelícula, La droja es mala, Estable, y Es cuestión de horas para los hobgoblins gitanos esos. Y para los enanos payos Lo de esta señora, Lo que quiere es pechuga, Los Pecos eran tres y Comedia española güena.
Y se quedó tan pancho.
Así que esta es la historia. Asombrados, descubrieron que
todo había sido fruto del más puro azar caótico… El perro salchicha ladra era,
además de un equipo del caos de gran porvenir, un exponente perfecto del mayor
amor por el caos más absoluto.
Al principio les sentó mal, pero luego se desgüevaron… No tenían mucho criterio.
Ay, como es el caos. ¡Qué golpes tiene!
Y nada, después se compraron unas equipaciones J. Haiber y
unas Mirindas de naranja y se fueron a jugar tan contentos, los pobres.
Atajo gilipollas.
¡Ay, la vida!








Mis enanos aún no saben si apuntarte en El Gran Libro de los Agravios o en el Libro de Gromenauer, del Gran Maestre Chiquito.
ResponderEliminar¡¡Ay, la vida!!
ResponderEliminarQue dura y que bella a la vez.
¡¡¡Anda ya!!!
Explicación completamente lógica para todos los nombres, y otro ejercicio magistral de metanarrativa de D. José Antonio Fideu,
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