Caminaba dando tumbos por la gran avenida llena de coches, bajo una lluvia intempestiva. No tenía buen aspecto: Su zapato izquierdo estaba roto, la chaqueta hacía tiempo que había perdido el último botón y manchas de fluidos variados salpicaban de forma sorprendentemente homogénea su indumentaria. Recibía miradas que oscilaban entre el asco y la pena, pero siempre con un punto de crueldad propio de los que están sólo un peldaño por encima en el frágil escalafón social. “Ande yo caliente, ríase la gente”, pensó. Y de alguna manera, era cierto. Había sentido un calor intenso y reconfortante durante la mayor parte del día, aunque se estaba atenuando con rapidez.
Atraído por las luces en las marquesinas del teatro, dedicó unos minutos a observar los enormes cartelones pintados a mano. ¿Conoces a Joe Black?, Legopelícula… los títulos le eran ajenos, y trató de recordar, sin éxito, cuándo fue la última vez que fue al cine. Consideró durante un momento pagar una entrada, pero no se sentía especialmente atraído por los carteles, y además necesitaba conservar el dinero para el encuentro que estaba a punto de suceder. El hombre se acercó sin mediar palabra, y tras recibir y contar un fajo de billetes lisos y limpios, le entregó un pequeño paquete, tan ordinario que nadie se habría molestado nunca en recogerlo del suelo. “Ojo, no te lo vayas a meter todo de golpe. ¡La droja es mala!” El individuo se rió, exhibiendo sin pudor unos pedazos amarillos que en algún momento debieron haber sido dientes.
*
“Estable”, escuchó decir a una figura con bata blanca y mascarilla a la que nunca pudo ver los ojos. “Pero tiene el hígado y los riñones destrozados. Es cuestión de horas”. Oía estas palabras alejado de su cuerpo, ausente, como un televisor encendido en la habitación de al lado. Bien pensado, no se distinguía mucho del efecto habitual de la droga.
*
Meses más tarde, se encontraba en una de esas reuniones de terapia grupal para adictos en rehabilitación. Sentado en una silla de plástico plegable, disfrutaba de un delicioso tedio que mantenía sus constantes vitales al mínimo, mientras de fondo se sucedían testimonios que poco o nada le importaban. Todo transcurría como de costumbre, con la tranquilidad que da la rutina, hasta que una mujer dos filas más adelante empezó a cruzar descarada e intencionadamente la mirada con él. No era ni fea ni bonita, y parecía imposible adivinar su edad. “Lo de esta señora es de traca. Metiendo fichas en una reunión de Alcohólicos Anónimos”. Mientras le miraba, la chica guiñó fugazmente el ojo antes de girar de nuevo la cabeza hacia el orador. “Es del todo evidente que esta mujer, lo que quiere es pechuga”, concluyó nuestro protagonista, que aunque no era el más ágil pensando, había vivido lo suficiente como para darse cuenta de estas cosas.
Quedaron tres días después, dos veces más la siguiente semana, y a los seis meses él se mudó a la casa de ella, que estaba bien y tenía terracita. En los años siguientes estuvieron juntos durante todos aquellos momentos cotidianos de los que se compone la vida y que nunca son completamente alegres ni trágicos. Conversaciones triviales: “Hay que comprar yogures, parece que va a llover, no me acordaba que los Pecos eran tres”. Ya saben, comedia española de la güena.
*
Todo esto rumiaba el escritor manchego sentado en su viejo sillón, masticando el último nevadito de la caja, en una ensoñación que duraba ya buena parte de la tarde. La magnitud de su obra, la brillantez y originalidad de ideas pasadas que ya no brotaban con tanta facilidad, todo ello se había convertido en un enorme peso sobre sus hombros. Se acercaba la fecha de la inscripción en la V Liga de Blood Bowl y no había podido dar con una narrativa digna del evento, de las expectativas que sus amigos, y sobre todo él mismo, se habían impuesto. Entonces, una luz golpeó su cerebro, derribándolo de su silla como a Pablo camino de Damasco y liberándolo del trance. Ya lo tenía. Idea número uno: El perro salchicha ladra.
Genialidad a la altura del autor... Muy grande,Chema. Ya que mi equipo no va a dar mucho que hablar en los campos, lo dará en el ámbito de la literatura y la promoción. El perro salchicha ladra fuerte.
ResponderEliminarRocambolesco y atrevido... Siguiendo los pasos de Prometeo...
ResponderEliminarGrande!!!
Vaya nivel de lectura. El ultimo nevadito, solo hizo que comenzará otra caja, esperemos que esa vez en compañia
ResponderEliminar