viernes, 16 de abril de 2021

Agraria Correoso tu empresa de confianza

 Día tras día, “cuando se está al sol, a uno se le quema toda la tapa de los sesos”, ese era el único pensamiento que tenía Antonio el del Colgajo en su jornada de 14 horas recogiendo melones. Menos mal que ahora no había una mierda que recoger y podar no le dejaban, la ultima vez se cargo unas 500 viñas, porque decía que tenía bichos, y luego descubrió que era sus gafas llenas de mugre.

Y estaba realmente hasta las pelotas de eso. Fue entonces cuando fue a hablar con Julio Cebolla sin piel un fin de semana. Esté, lo primero que le dijo fue; “Al bar” y ya allí hablamos.

Famoso bar por sus “Desallunos y Amuersos”

Una vez dentro, empezaron a rumiar la idea de ser ellos mismos sus jefes y montar una empresa. Conocían a la gente, sabían que por dos duros se irían con ellos antes que con el mierda ese, que ahora les contrata. Hablaron con Pedro el Tormento y con Juan el Gachas. Y no dudaron en apuntarse.

Más trabajo tuvieron con Rodrigo el Measquinas y Sebas Patas de Alambre, pues decían que querían apuntarse a la Academia, y no paraban de estar en modo reivindicativo con pintaditas en la calle.

Arte Callejero Reinvindicativo

Con Adolfo el Sobaestiercol y con Blas el Jilguero no había manera, era imposible dar con ellos. Llamadas, mensajes, buscándolos en el bar, en el monte cuando se iban a cazar conejos. Nada, no había forma de contactar con ellos. Pero por la calle se toparon con el tonto el pueblo José sin Zurraspa que no paraba de seguirles, lo ignoraban y hasta le escupían al verlo, pero él “erre que erre”. Cuando Julio Cebolla sin piel se dirigía a darle un buen sopapo para que se fuera para casa con el hocico calentico, José sin Zurraspa nos dijo que sabía dónde estaban Adolfo el Sobaestiercol y Blas el Jilguero, y que no estaban solos. “Bien por ti” le dijo Julio Cebolla sin piel, “dínoslo y en vez de darte dos ostias solo te daré una”. Y si mediar más palabra Julio Cebolla sin piel, le soltó un mamporro que hizo que José sin Zurraspa cantará por fin.

Descubrieron porque no les contestaban, estaban en modo yonqui, pero menos mal que el cartel nos avisaba y aquí la gente es “muy de respetar”

Menos mal que avisan

Estaban descansando y eso era sagrado, así que después de dos días de espera, ya aparecieron y por supuesto al comentarle la idea aceptaron sin mediar palabra, no sin antes insistirnos en que su colega Miguel el del Melonar se apuntara, que era de fiar y tenía tierras, pero estaba desquicio con sus parientes. Y que no podían dormir tranquilos sino estaba Justo el Gordo Manteca, que mientras hubiera comida se apuntaba.

Así que por fin juntaron a toda la cuadrilla a comentar el plan y por supuesto, cada uno paga los suyo, nada de cervezas gratis. Quedaron en la loma “El chistaco”, no tenían ni idea de porque se llamaba así, pero no iba nadie, así que podían juntarse sin pensar en nadie.

No duraron mucho hablando, al final se pasaron tomando las cervezas y no era más que ruido, eructos de interminable duración, salto al aire con follos terribles y chistacos soporíferos.

Cuando Rodrigo el Measquinas se dio cuenta que algo amarillo brillaba al fondo de la loma, no, si al final iba a ser un espabilao del to le dijeron. Llamo a todos para que lo vieron y……

¿Estaba claro, no?

Booooommm!!!! Cayeron al fondo del precipicio, y en más de 74 años, nadie quiso aparecer por allí, pues como no, todo el mundo sabía donde estaba y de secreto, “mis pelotas” estando José sin Zurraspa con ellos, que ya se encargo de cantar en otro lao. Decían, que se habían ido a vivir la vida loca y se olvidaron…

Y pasaron los años, y nadie sabe cómo ni porque, un día aparecieron ataviados listo para jugar un partido de ese deporte raruno y obsceno. Y peor aún, en el bar susurran que creen saber el porqué del nombre del equipo, decían que era la empresa que no pudo montar Antonio el del Colgajo. Y las tierras de Miguel el del Melonar ahora eran su campo de práctica, sin hablar, sin descanso. Eran ellos, pero no eran los mismos. Ahora nadie se acerca a las tierras de la familia “Correoso”, pues no hay nada que plantar.

2 comentarios:

  1. Pobres... 74 años...
    Mis enanos al menos estuvieron en barricas de roble, llenicas de buena cerveza!!!

    ResponderEliminar
  2. Puro realismo mágico, sí señor. Crónica de una caída y de cómo los grandes hombres se levantan, aunque sea de la tumba. El futuro es de los emprendedores...

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.